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domingo, 28 de julio de 2013

Les Croquants Délices

domingo, 28 de julio de 2013 0
Unas señoras ganas de comer rico y dulce, como ya otras veces lo ha hecho, nos trajo a esta pequeña y hermosa pattiseriè (entiéndase pastelería, pero con onda francesa como nos gusta decir, ya que el formato y muchas de las recetas se remontan al romántico país). 

En la esquina de Zabala y Delgado [Zabala 3402, Colegiales (Buenos Aires)], Les Croquants, esta intrusa del buen gusto, entre casas y esporádicos restaurantes, ofrece una cantidad ingente de dulces típicos franceses y norteamericanos en su mayoría, que por la dulzura, sabor e imposible textura, nos convirtió en sus groupies de por vida.


Una decoración entre Shabby Chic, Nuveau y quizá minimalista, con objetos pintorescos haciendo de decoración funcional (como las tazas/lámparas, o la rueda de la fortuna/canasto de macarons, de la mesa pret-a-porter), una barra en lugar de mesa y una sutil puesta en escena de objetos geométricos de madera para resaltar las formas y colores vivos de todo lo que ofrecían, son las principales características de este local. Y no por la falta de mesas comer allí se torna raro, por el contrario, la disposición de la barra y la de los objetos, dejando un claro espacio para disfrutar de la compañía o la vista, son los ingredientes no comestibles que mejor se pueden apreciar.

(Las latas de Tés de Tealosophy que ofrecen. Entre ellos un Blend 
hecho especialmente para Les Croquants) 


(Sus tradicionales pirámides de Macarons)



  
(Arriba: Detalles de las tazas/lámparas. 
Abajo: Las tazas/lámparas iluminan todo el local)




(Mesa pret-a-porter con temática de feria/parque)



Nosotros ya habíamos anotado todo lo que íbamos a pedir, pero como previsto, no quedaban todos los sabores y/o recetas que queríamos probar. Por lo tanto, las siguientes fueron nuestra elección:


Un paréntesis aparte fue el té. De las manos de Inés Bertón, este Blend de Tealosophy exclusivo para Les Croquantes -a base de Almendras, Cacao Venezolano y Vainilla- era simplemente delicioso. Tanto que tomarlo puro, sin endulzarlo con nada, por momentos era la mejor opción.
Para los que no son muy dados a tomar una infusión sin azúcar o endulcorante, se llevarán una sorpresa al probar este té.


En primer lugar probamos el popcake (alias: chupetín de vainilla). Elegimos éste porque ya no quedaron los macarons de vainilla, y pensábamos probar cada receta de sabores distintos.
En síntesis se sintió como un aperitivo básico, sin nada a destacar pero una textura sublime, del tipo de cosas que uno debería aprender a hacer para recibir a amigos.


Luego siguieron los Mooncakes. Pedimos el de Pistacho y de Frambuesa. Con texturas extrañas, muy distintos a las preparaciones tradicionales argentinas, nos encantó que fueran tan suaves y complejos, como una mezcla de Dango con mousse firme. Principalmente el de frambuesa, al que podíamos sentir cada sabor, desde lo más suave y cremoso a lo más ácido o cítrico, en una perfecta armonía. Ya de entrada, fueron uno de nuestros dulces favoritos.



El de chocolate, que nos pedimos ya casi al final (pero que aprovechamos para citarlo ahora), acompañado de un Lungo fuerte Nespresso cortado con crema, terminó de certeficar a este dulce típico chino como una de las mejores cosas que hemos comido.




Los canelés, estos pastelillos que en realidad son flanes pero con un poco de harina, hicieron aún mayor mella en nuestra credibilidad cuando resultaron ser mucho más sabrosas de lo que hubiéramos esperado. De ellos mucho no puedo decir en comparación, pues nunca los he probado, pero el sabor y aroma, además de ocasionar un shock saborístico imprevisto, nos empezó a acostumbrar a los sabores que todavía teníamos para probar.


¡Y después los Macarons y los Cupcakes!
Los primeros fueron sorprendentes, de sabores implacables y texturas sublimes. Compartiendo el podio de los Macarons con los de El nombre del postre, cada uno de ellos eran razón suficiente para ir y volver una y otra vez al local. Las mejores fueron sin dudas las de frutos rojos y chocolate, y de maracuyá.
Aunque somos amantes del café, el del mismo sabor fue el único que no nos pareció excelente, quizá por sentirlo muy invasivo en comparación a la suavidad de los demás. Sin embargo, en líneas generales, son tan buenos que estamos ansiosos por volver a comerlos.
Y en cuanto a los segundos, los Cupcakes, encontramos entre todos esos sabores, dos favoritos más de nuestra visita.
Pedimos el de lemon pie, de frutos rojos y banana con nutella. No sé que tipo de hechicería habrán usado, pero el de frutos rojos, con su frosting delicioso, pero principalmente el de banana con nutella, con su medallón de chocolate blanco on-top, terminaron por destrozar nuestra fe en la paganería de comida prefabricada, y ver a Dios en las manitos de Noe y Gaby.    





Sin dudas, una de las mejores experiencias culinarias que hemos tenido, no sólo por la calidad de todos los productos que ofrecen, sino por la atención delicada y amable de Gaby (le tocó atendernos), su aprecio por nuestro aprecio, y al que estamos infinitamente agredecidos, además de habernos regalado una tarteletita de chocolate y dulce de leche (debo decir que estaba deliciosa a pesar de que no me gusta el dulce de leche... yo lo llamo: PARADOJA!), por hacernos probar, también como regalo, los Marshmallows más sorprendentemente deliciosos que comimos.
A falta de una buena foto de los malvaviscos, que eran de mango y por ello de un amarillo chillón, usamos ésta de la página, que hace a la idea.


Aludiendo a Alicia en el País de las Maravillas por sus referencias en la decoración de este lugar de ensueño, esta fue una experiencia ¡fantabulosa!

domingo, 30 de junio de 2013

Villa de Chocolate

domingo, 30 de junio de 2013 0
Contando casas por Lujan (sí, contando casas!... no pregunten), encontramos esta joyita de sabores y aromas dignas de un Pierre Hermè, escondida sobre Mitre entre 9 de Julio y Francia.
Villa de Luján [Bartolomé Mitre 179] está tan metida entre negocios insulsos y una calle mal cuidada que pasa totalmente desapercibida. Por eso cuando digo "escondida" no lo hago en un sentido figurado, o metafóricamente... es más o menos lo que ocurre cuando imaginás que encontrás la madriguera del conejo de Alicia en el País de las Maravillas: ¡vivimos acá hace tanto tiempo que no podemos creer que no lo hayamos visto antes!


Ahora dejando el asombro de lado, pasemos a las descripciones:
Encontramos, como decía, este localcito precioso perdido por Luján. Los carteles en sepia y letra elegante, incrustados en estos adornos de metal labrado al estilo barroco, la cabañita colonial belga u holandesa, cercada por un portón negro también finamente trabajado, y luego un pequeño patio delantero cubierto de mucho verde y custodiado por duendes, hacían demasiado referencia a un lugar, a una cultura que no encajaba con la monotoneidad religiosa de la ciudad.

     




Desde afuera se intuía el acogedor ambiente que ofrecía esta pequeña bombonería y casa de té, pero nos llevamos otra sorpresa al entrar, pues uno podía sentir que cada cosa estaba en su lugar por alguna razón. La decoración tradicional nórdica, de paredes cubiertas de leña (y no simple madera), piedras y amuletos varios, con souvenirs como estatuillas de cerámica, cuadros y latas de bombones y bizcochos antiguos vintage, que se dispersaban por todo el local, y que junto con el aroma del chocolote y madera embriagaba los sentidos, nos recibió con una calidez tan vívida que no faltó nada más para sentirnos en casa... Pero aún así, como si no fuera suficiente, ¡tenían una cordial y cariñosa abuelita!
Pues sí señores, el local está atendido por señoras mayores muy amables que casi hacen pensar en una puesta en escena, haciendo sospechar que todo aquello no podía encajar tan bien.






Los bombones y demás formas de chocolate se distribuyen por detrás del mostrador, la vitrina y varias estanterías, así como los pasteles, tartas y tortas, entre otras delicias que ofrecen.
Las mesas, también dispersas por todo el ambiente, ocupan el justo espacio disponible para tal fin, ya que la construcción, muy extraña, no es muy típica de un restaurante.
Para darles una idea, el local es una especie de H, y las mesas ocupan la mitad inferior de la raya izquierda, la raya transversal, y la raya derecha en su totalidad, dispersándose en ese espacio apenas una decena de mesas.




      








El menú es infinito, por lo que no tendrían ninguna posibilidad de comer o tomar todo lo que ofrecen, ni si fueran una familia numerosísima que ocupara todas las mesas de una vez, y cada uno se pidiera algo distinto.



Las tortas y demás postres se eligen desde el mostrador, pues no siempre tienen todas las del menú (arriba una carilla del mismo), pero les aseguro que es suficiente para que no sepan qué elegir.
Cada uno se ve más rico que el otro, y los ingredientes son poco comunes para el rutinario paladar argentino, por lo que este lugar es apto sólo para aventureros y personas de paladar más refinado.





Nosotros pedimos chocolate caliente para beber, y más chocolate en forma de tortas para comer.
El Chocolate común estaba bien, sin sorpresas en la textura o profundidad, pero El Chocolate al Amaretto llamó especialmente nuestra atención, pues en su forma no alcohólica, el Amaretto embellecía prodigiosamente el sabor del chocolate con su textura amarga de las almendras y el dulzor en base del albaricoque. Aunque el chocolate, para mi gusto, no era muy profundo ni espeso (como deberían ser estas bebidas en invierno), en esta mezcla merece la pena una mención especial.
Entre otras bebidas hay té y café para elegir. Ambas infusiones tienen un sinfín de variedades, y ya nos tocará ir nuevamente para probarlas.


Cada uno de nosotros (Rache, un amigo que de hecho nos recomendó este lugar, y yo), pedimos una torta distinta, y cada una debería haber venido con ese aviso de película, como un "no apto para todo el público", o "no apto para personas sensibles", pues son tan abundantes que apenas pudimos terminarlas.


La de nuestro amigo era la Torta de los Duendes, este tentador ladrillo de mousse de chocolate y un fino bizcochuelo también de chocolate, cubierto de una masa de glasé de chocolate semiamargo que se deshacía al tocarla. Y finalmente decorado de tres cintas de chocolate con un muy delicado detalle decorativo en dorado.
La consistencia y textura eran muy buenas, se veía que la torta era bastante fresca, el fino bizcochuelo tenía la consistencia indicada y la humectación adecuada, levemente cítrica. Sin embargo el mousse me pareció excesivo y muy mantecoso, algo que particularmente no podría terminar.


La de Rache era una torta de la casa, la Villa de Lujan. Con sus tres pisos de bizcochuelo de chocolate rellenos de crema de frambuesa, de café y de vainilla, bañado de chocolate.
Los sabores complementaban los dulces, más que balancearse. Aunque esperaría la acidez de la frambuesa o la amargura del café, conjugaba más lo dulce y empalagoso. Delicioso hasta la mitad, el resto por ahí es mejor pedir para llevar.


Yo me pedí esta Torta de Chocolate con Mousse de Limon, que era tal cual rezaba el nombre, sin otros ingredientes sobresalientes por lo extraño. Pero a mi parecer, era el que mejor equilibraba sabores amargos, dulces, ácidos y cítricos.
La crema de chocolate con la que cubría, de una dulzura suave y profunda, era cortada con el amargo del chocolate del interior, entre el bizcochuelo y otra crema menos dulce, y finalmente el mousse de limón, levemente ácido, delicadamente cítrico, daba el perfecto matiz y textura que un no-tan-amante de lo dulce necesita. Es difícil que no lo termines.
Para terminar, como un pequeñísimo punto en contra, las señoras que atendían no sabían muy bien  a cuál chocolate, preparación o cultura hacía referencia el local, aunque sí dijeron que el dueño (hijo de aquella tierna abuelita que mencioné al principio), se encuentra los sábados a la tarde, y tal vez pueda contestar a estas preguntas.
Lo que sí aseguraron es que se trata de Cacao americano, pero ya otro día podremos aclarar los detalles.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Habemus Christmas

lunes, 24 de diciembre de 2012 2
Aún con más de 40ºC de temperatura, que hicieron que Santa vistiera bermudas y borceguíes, y con un muy significativo caos a la hora de hacer las compras navideñas -intentando aprovechar todo lo beneficioso que trae esta época-, no podríamos dejar de colocar, arreglar y admirar las luces, las decoraciones y todo aquello que trae consigo, capitalismo o no, esta período de fiestas.





 

Un par de meses antes de que las fechas se aproximaran planeamos hacer un recorrido (dicho recorrido duró varios días al final) en todos los grandes Shoppings del país, y por qué no, en calles y tiendas. Nos encontramos que en estos últimos no estaba tan manifestada como otros años la decoración navideña, así que nos quedamos con un listado de Shoppings:

San Justo Shopping






Dot Baires Shopping













Unicenter Shopping







Abasto Shopping Center









Galerías Pacífico






Esperamos que hayan disfrutado de las fotos tanto como nosotros :) algunos locales se tomaron muy en serio la decoración navideña, en temas de delicadeza y belleza sin dudas el ganador debería ser el gigantesco y romántico árbol de Galerías Pacífico. En decoración (del árbol) por cantidad, el de San Justo Shopping, que utilizó guirnaldas y muñecas de trapo para ornamentarlo, aunque el mismo no puso mucho empeño en el resto de la decoración que resultó por demás infantil para muchos. Ambientación, y por el árbol aparentemente más grande (de unos 20 metros de altura o más), el ganador ha sido Dot Baires Shopping. Y no quedaría muy atrás el Abasto, con todos esos iglúes y cabañitas de vecindario de Santa.

En un punto y aparte, y siendo éste un blog mayormente gastronómico, les dejamos una fotito de nuestra cena navideña. Las críticas obviamente serían tomadas como demasiado parciales (sí, estuvo perfecto), por lo tanto nos limitamos a describirlo: La carne era cordero horneado a las hiervas y cítricos, antes marinado en vino tinto y hiervas frescas, y remojado con un poco de vino blanco dulce para equilibrar la textura fuerte de la carne. Eso acompañado de un salteado italiano, salpimentado, con una pizca de comino y bastante romero y albahaca, junto con unas clásicas papas a la provenzal. ¡Squisito!


Esperamos que hayan tenido unas agradables fiestas!
 
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